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La fabrica de conejos

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Iba guiando mi carro por la  carretera.Estaba de camino a visitar unos familiares un domingo por la tarde cuando de momento empezó a fallar y a fallar. De repente se me apagó.  ¡Maldito carro! — pensé mientras le daba un golpe al volante.  Me bajé. Levanté el bonete y miré a ver qué pasaba. No se ni que hacer mirando el motor, yo no sé nada de mecánica pero...  Después de un rato de tocar aquí y mirar allá aquel motor de Oldsmobile me di cuenta que tenía que buscar ayuda. Pero en aquel tramo de carretera no había nada. La ruta para la casa de mis tías es bastante solitaria. Hay que pasar por millas y millas de parajes solitarios donde no se ve otra cosa más que sembradíos y una que otra ocasional finca con granero. Es muy solitario. En todo el tiempo que miré el motor no ví un solo carro pasar. Aquello era un paraje bien solitario.  Miré alrededor y vi un camino de tierra que se adentraba en un largo sembradío de... bueno tampoco sé mucho de agricultura pero era...

Luzy

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Yo no creía en fantasmas. Por un tiempo cuando era más pequeño me asustaba de cualquier sombra o movimiento que percibiera con el rabo del ojo pero luego aprendí que los fantasmas no existen. Pero eso cambió hace un tiempo atrás cuando estaba solo en casa y de momento se apagó la luz de la sala. Yo creí que había sido un apagón así que esperé a que volviera. Pero como tardó, decidí caminar afuera y ahí me percato de algo, el switch estaba bajado. Aquelló no fue un apagón, el switch estaba bajado. ¿Pero como pudo ser eso si yo estaba solo?  Subí nuevamente el switch y se prendió la luz. Me puse a leer cuando de momento volvió a apagarse la luz. Que una cosa pase una vez es una rareza pero que pase dos veces ya pone a uno a pensar. Fui nuevamente al switch y cuando miré se me erizaron los pelos del brazo, el cuello y la espalda. El switch estaba bajado.  Miré a todos lados pero yo estaba solo. Mi esposa estaba de compras con mi hija así que aquel switch no lo pudo haber bajado a...

La Boda

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  Todo estaba listo. El gran día había llegado y Rosa estaba en la limusina junto a su padre en rumbo hacia la iglesia. No habló en todo el trayecto. De hecho, en las últimas dos semanas se notaba muy callada pero su madre no le prestó mayor importancia. “Debe ser nerviosismo por la fecha que se aproxima.”—Pensó.  Hasta ahora todo había salido bien. No faltaba nada y los ensayos quedaron perfectos. No cabía la menor duda de que Rosa estaba lista para la gran fecha.  “Que hermosa se ve.”— Pensaba su madre—”Es toda una dama.”  La iglesia estaba lista. Todos los adornos estaban en su lugar y estaba casi llena. Ya hacía varios años que no se veía una boda allí. Los hermanos estaban habituados a la rutina de un culto tras otro y de vez en cuando se celebraba una actividad especial en los días de Acción de Gracias, Navidad y uno que otro cumpleaños. La iglesia siempre estaba activa, desde los días que comenzó en una carpa hasta el día de hoy que se ha convertido en todo un...

Ileana

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  Ileana Primera vez La primera vez que la ví fue cuando estaba sentado en uno de los bancos de la plaza. Siempre me ha gustado sentarme solo en la plaza del pueblo. Cayey tiene unos atardeceres hermosos. Las tardes pasaban igual, gente de aquí para allá y de allá para acá con el ocasional saludo de algún conocido. Allí estaba yo y por allí pasó ella. Andaba sola, tenía puesto un traje azul largo hasta los tobillos, las mangas le llegaban hasta los codos y una pequeña cartera negra colgaba de su lado derecho. Solo la ví pasar, pero esa primera vez que la ví quedé fascinado. Segunda vez La segunda vez que la ví estaba yo sentado en el mismo banco. Era otro hermoso atardecer. Estaba mirando la fuente cuando la vi pasar de nuevo y esta vez mi fascinación por el atardecer cambió de rumbo para dirigirse hacia ella. El traje era parecido al que llevaba puesto la primera vez que la ví, pero este tenía adornos de flores por todos lados. Tenía puestos unos zapatos negros de tacón bajo que h...

Estebita cruza el río

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  Aquella noche del 20 de octubre del 1985 fue inolvidable. Todos estamos esperando a Geñito Rodríguez que iba a predicar. Se había anunciado lluvia durante todo el fin de semana así que ese domingo estaba lloviendo a cántaros. El devocional estaba candente como siempre con “corazos” pentecostales. Geñito todavía no llegaba pero de seguro estaría atrasado por la lluvia y nosotros estábamos en un campo así que por si acaso el pastor había preparado un "plan B". Me iba a tocar predicar si Geñito no llegaba.  A pesar de ser una iglesia de campo nuestra iglesia no era una pequeña. Tampoco era tan grande pero cabían unas 100 personas cuando se llenaba. Tenía las paredes en cemento y el techo en zinc. Afuera teníamos dos casitas para salones de escuela dominical y uno se usaba como tienda pro templo los domingos.  El golpeteo de las gotas de lluvia se escuchaba casi tan fuerte como la música de los coros. Las panderetas estaban compitiendo con el aguacero. Pero estábamos conten...

En la mesa

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  La primera noche de campaña evangelística había terminado. Yiye Ávila había predicado y orado. Ahora era el momento de contar las ofrendas que se recogieron.  Vaciaron los gazofilacios sobre la mesa y el hermano Johnny iba a contar. El protocolo dictaba que con él estarían dos hermanos más. Ese día se había recogido bastante dinero. Mayormente eran pesetas pero había un par de dólares. Contaron todo hasta literalmente el último centavo. Luego se agruparon los fajos de billetes de $1, $5, $10. Era raro ver uno de $20 pero esa noche había cuatro.  Se envolvieron las monedas en rollos de papel. El conteo dio $2,438.94. En el libro se anotaron $2,138.94. Como siempre, se dividirán las ofrendas en 75% para el evangelista y 25% para los pastores que apoyaron la campaña. Ellos se dividirán en partes iguales.  El libro iba al escritorio del pastor. Había que informar todo lo recaudado al concilio. Siempre se hacía así. Después el pastor le pasaba par de $20 a Johnny, el te...