Las abuelas
La noche del quinceañeros habría llegado y todos estaban en el local. Sylvia se veía radiante y su pelo encaracolado brilllaba con todos los productos que usaron. La habían maquillado levemente. Ella aún no había llegado al local en donde estaba la gente de las dos familias y los amigos de Sylvía. Todos estaban allí incluyendo sus dos abuelas Silvia y Roberta mejor conocida como “Tati la Espiritista” o para sus amigos y familiares “Tati”.
Todos sentían el ambiente de tensión en el aire con aquellas dos rivales en el local. Tati nunca superó que le pusieran el nombre de la otra abuela a su nieta. Si al menos su hijo le hubiera puesto un segundo nombre como “Roberta” pero solo le pusieron Sylvia y para que no se pareciera al de su abuela materna le cambiaron la primera “i” por una “y”. El segundo nombre “María” sonaba bonito pero ella hubiera preferido otro. Pero era su nieta y no importa como se llamara ella la amaba. La había visto crecer y convertirse en una señorita.
Los papás de Sylvia habían decidido tomar todas las precauciones para evitar que las dos abuelas se encontraran. Las sentaron en lugares opuestos del local. En las partes donde iba a participar la familia una abuela iba a ir primero y la otra después pero no juntas. El problema iba a ser la foto familiar donde todos tendrían que estar juntos. Ya la mama de Sylvia había hablado con abuela Silvia y le había pedido que por favor no discutiera con Roberta. De todos modos el quinceañero estaba más a su gusto porque iba a ir el pastor a orar y no iban a hacer una ceremonia espiritista o de santería. El papá de Sylvlia habló con Tati y le dijo lo mismo, que evitara discutir con la otra abuela. Ya él le había dado los amuletos que ella preparó y se los dió secretamente a Sylvia. La otra abuela no iba a saber nada.
Tati nunca le perdonó que no le pusiera al menos Teresa como segundo nombre a Sylvia. Nació un 28 de marzo, el Dia de Santa Teresa y ella era una de sus santas favoritas porque era la Santa de las Visiones. El día que nació, Tati estaba en el hospital y también Silvia, esperando que naciera. Entonces Tati empezó a rezar a Santa Teresa. Silvia empezo a orar como buena pentecostal. Había una competencia de rezos y oraciones. Cuando el doctor salió de la sala y dijo “Es una niña”
Tati saltó y dijo—“Se tiene que llamar Teresa. Nació en el día de Santa Teresa patrona de las visiones. Esa nena va a tener dones espirituales”.
Inmediatamente Silvia dijo — “Dios reprenda al diablo. No le van a poner un nombre de una supuesta santa ni nada de santería. Esa niña va a ser de Dios”.
—”Hoy es el día de Santa Teresa y si esa niña nació hoy está destinada a ser mística y tener visiones. Dios le va a dar dones espirituales como a mí”. — Dijo Tati.
—”¡Apartate Satanás!” — Dijo Silvia empujando a Tati
Ambas abuelas iban a agarrarse por los pelos cuando intervinieron los tíos riendo y tratando de evitar una pelea de viejas en un hospital mientra el doctor miraba extrañado todo aquellos. Aquella fue la primera de muchas discusiones entre la abuela pentecostal y la abuela espiritista.
Las abuelas de Sylvia no se llevaban bien. Se podría decir que se consideraban enemigas. Para empeorar la cosa vivían en el mismo barrio y la botánica de Tati era bien visitada hasta por el alcalde que iba cada cuatro años a pedir trabajos para ganar las elecciones. La Iglesia donde iba Silvia decidió en un momento hacer una “guerra espiritual” a la botánica de Tati la Espiritista. Pero eso es otra historia. Tati en un momento hizo un “trabajo” a Silvia y eso es otra historia. Sus ataques eran mayormente de oraciones vs trabajos pero en el hospital pasaron al plano físico.
Allí estaban las abuelas en el quinceañero en esquinas opuestas como boxeadores en un ring y de vez en cuando se cruzaban las miradas. Todos sentían la tensión en el aire pero ambas iban a hacer un esfuerzo por portarse bien en ese quinceañero. No iban a escenificar una de sus famosas peleas cuando Silvia pasaba frente a la botánica reprendiendo y Tati le decía cosas en yoruba.
El día que escogieron el nombre fue devastador para Tati. Cuando vio que le iban a poner el nombre de la otra abuela sintió que su hijo la traicionaba y dejó de hablarle por varias semanas. Pero luego se le pasó. El día que llevaron a Sylvia a su casa y allí le puso una manita de azabache y le preparó un collar con la efigie de Santa Teresa. Papá y mamá dejaron que se la pusiera pero sabían que al llegar a casa se la quitaría y solo se la pondrían para cuando fuera a visitar la casa de Tati. El resto del tiempo no tendría el collar.
A pesar de haber sido criado católico y en la santería con su mamá, Robertito se había enamorado de Sonia y decidió empezar a ir a la iglesia pentecostal donde se convirtió. Eso fue otra pelea con su mamá. Tati sentía que le habían quitado su hijo. Su hijo se enamoró de una pentecostal y para colmo se había metido a la religión de ellos. Pero eso es otra historia.
Ese día, allí, viendo a su linda nieta con los ojos aún cerrados la ternura la llenó. Sentía que el corazón se le derretía y recordando eso se reía sola en la mesa en el local esperando a que llegaran a traer a Sylvia en la caravana del Club Toyotero.
En la otra mesa Silvia recordaba el día que nació su nieta y el día que le dijeron que se iba a llamar Sylvia. Sintió un orgullo tan grande que comenzó a hablar lenguas. Su primera nieta iba a llevar su nombre aunque con una variación. Cuando vio a su nieta linda se llenó de ternura y amor y recordaba allí en la mesa en la otra esquina del local riendo sola.
Silvia iba en el carro con sus amigas. Sonaban las bocinas y sirenas mientras iban por cada calle del barrio paseando a la quinceañera. Ya tomarían la ruta para el local del centro comunal. En el carro recordaba algunas cosas pero iba un poco preocupada por sus abuelas. Le preocupaba que fueran a formar una escena allí como lo habían hecho en otras ocasiones en especial en el cumpleaños número 12. Abuela Tati comenzó a rezar a Santa Teresa y abuela Silvia empezó a gritar “Señor te reprenda DEMONIO”.
A Tati no le gustó que le interrumpieran la bendición y le dijo: “¡Vieja ridícula! Esta niña es una hija de Santa Teresa y tendrá dones espirituales. Será bendecida con visiones y va a ayudar a mucha gente.”
En eso abuela Silvia empezó a abalanzarse sobre Tati que le dijo – “Pégate que vas a ver a Santa Teresa hoy si te atreves a tocarme.”
La fiesta se dañó esa hora con la familia tratando de separar a las dos abuelas que querían agarrarse por los pelos. Desde ese día decidieron hacer algo aparte y sencillo porque aquellas dos abuelas se detestaban desde lo más profundo de su alma. En el barrio ya era un chiste escuchar cuando peleaba la pentecostal con la espiritista. Sylvia iba preocupada que en éste cumpleaños se fuera a formar algo igual. Este no era cualquier cumpleaños, era su quinceañero.
Todos tenían la misma preocupación.Por eso las habían sentado en lugares diferentes en la fiesta.
Llegaron los carros del Club Toyotero y todos en el local se pusieron de pie. Comenzó la música de cumpleaños mientras entraba Sylvlia del brazo de uno de sus primos. La seguían sus amigas cada una colgada del brazo de un muchacho. Esa sería la noche de muchos primeros besos y primeros amores.
Los papás de Sylvia estaban en la mesa principal y su mamá secándose las lágrimas.
Cada abuela en su mesa de esquina también estaba secándose las lágrimas mientras veían a la nieta primogénita entrando convertida en toda una señorita. El pelo crespo salía a los lados y brillaba. Se veía hermosa y radiante.
Mientras caminaba a la mesa principal al compás de la música Sylvia recordaba como cuando iba a casa de abuela Silvia ella le enseñaba salmos y cuando iba a casa de abuela Tati ella le enseñaba rezos a los santos y le mostraba recetas para “trabajos”. Su abuela Silvia le decía que Roberta era una espiritista y que eso era del diablo. Su abuela Roberta le decía que los santos estaban viendo desde el cielo y que su santa era Santa Teresa y le enseñó la oración de la Santa:
“Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene, nada le falta,
sólo Dios basta.”
La oración de Santa Teresa era la favorita de Sylvia que aunque no iba a la Iglesia Católica le gustaba escuchar las historias de los Santos que le contaba su abuela Tati. Con su abuela Silvia aprendió a orar y con su abuela Tati a rezar. Miró a ambos lados donde estaban sus abuelas y las vió con los ojos aguados. Ambas se detestaban entre ellas pero tenían en común un amor por Sylvia, la nieta favorita de ambas. Abuela Silvia estaba vestida como buena pentecostal con su traje que le llegaba hasta los tobillos. Abuela Tati como siempre son pulseras en ambas muñecas y varios collares. Parecía que se iba a traer la botánica encima.
Fue confuso para Silvia crecer con dos abuelas en los polos opuestos de la espiritualidad. Abuela Silvia tenía el don de profecía y decía cosas que se cumplian. Abuela Tati podía leer las cartas o mirar la forma en que se acomodaba la borra del café y decirle a las personas lo que necesitaban escuchar.
Sylvia todavía estaba procesando porque a veces sentía escalofríos y veía cosas como si fuera una película de repente frente a ella. Era como si cambiaran el canal del televisor y lo trajeran de nuevo al canal que estaba viendo. A veces tenía sueños raros con la gente y las auras, ella no sabía qué eran aquellos colores que veía flotando sobre alguna gente. Solo que las veces que veía el color violeta la persona moría al par de días o semanas.
Aquella noche el quinceañero pasó sin contratiempos. Ambas abuelas se portaron bien. Ambas querian a Sylvia. Ambas creían ver en ella sus dones espirituales.
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