La ofrenda especial

 Las paredes grises del cuarto contrastaban con la mesa blanca. El espejo enorme en la pared hacía ver el cuarto más grande pero aunque no fuera claustrofóbico se sentía encerrado. 


—Son las 8:30 PM. Están presentes el Agente Melendez y el Agente Castro. 


Melendez señaló al joven. —¿Puede decir su nombre para el récord?


—Hector Ríos. 


—¿Señor Ríos porque razón está usted aquí?


—Para decir la verdad. 


—¿Cuál verdad?


—La verdad sobre mi padre. 


—¿Su padre se llama Héctor Ríos Feliciano correcto?


—Si.


—¿Su padre es pastor correcto?


—Si. Ha pastoreado la iglesia del Movimiento Internacional Misionero de Cayey por 20 años. 


Varias horas antes el culto de jóvenes había sido interrumpido por sirenas de policía en el parking de la iglesia. Varias patrullas de policías estatales se pararon en las entradas. Detrás habían varios vehículos negros de los que se bajaron agentes federales con los jacket azules y las letras "FBI". 


No era sorprendente que saliera un grupo corriendo por el punto y arrestaran a "Caica" el bichote. Pero cuando otro grupo salió corriendo al parking de la iglesia la cosa cambió. Se metieron a la parte de atrás y de allí sacaron esposado al pastor. 


Los hermanos escucharon el alboroto y se paró el culto. Ver policías corriendo dentro del parking era algo que nadie se esperaba. Pero ver cómo salía el pastor de la oficina esposado fue menos esperado aún. Algunas hermanas comenzaron a llorar. Los hermanos comenzaron a salir fuera. Al frente estaban los policías volteando a los del punto. En el parking estaban montando al pastor en uno de los carros de los federales. El destello constante de luces azules rojas se vio opacado por el sonido del helicóptero arriba. 



—¿Que nos tiene que contar Señor Ríos?

—Llevo mucho tiempo sintiéndome mal y con la conciencia sucia porque yo sabía lo que mi papá estaba haciendo. 


—¿Y que estaba haciendo su papá?


—Yo me dí cuenta hace varios años atrás. Yo tenía doce años. Una noche estaba en la casa pastoral haciendo unas asignaciones en el cuarto cuando veo a mi papá hablando con el dueño del punto. Yo admiraba a mi papá y lo tenía como un héroe pero esa noche todo cambió. Papi estaba hablando con Mario que era el dueño del punto pa’ ese tiempo antes que lo mataran. De momento yo veo que Mario le dio un sobre a papi. Eso me estuvo raro. 


—¿Y sabía usted que había en el sobre? 


 —No pero me di cuenta después.  


—¿Cómo se dio cuenta?


—Las finanzas de la iglesia comenzaron a mejorar de repente. Apareció dinero para hacer salones de clases. Se pudo comprar una guagua nueva para recoger a los hermanos. Papi pudo comprar un espacio en la radio para hacer un programa de la iglesia. Fue casi un milagro. Yo era muy pequeño para entender pero parecía como un milagro. Un iglesia que estaba empezando y con hermanos pobres de momento aparecía dinero para todo. 



—El día que me di cuenta de que era lo que pasaba fue un día que papi dejó el libro del tesorero en la mesa. No sé porqué me dió curiosidad con mirar. Ahí estaban las entradas de las ventas en la tiendita, las ofrendas y el detalle de los diezmos. Ahí se veía cuales hermanos daban más y cuáles menos. 


Un día me llamó la atención que la hermana Juanita aparecía dando una ofrenda especial de $8,000.00 y el diezmo era de $800. La hermana Juanita era una viejita que vivía en una casa de madera y era viuda. Recibía el Seguro Social pero no era mucho. Al otro mes aparecía el Hermano Pedro dando una ofrenda especial de $6000.00 y un diezmo de $600.00. El hermano Pedro tampoco era una persona rica. Era un jubilado y vivía sencillo en su casa pequeña. 


Seguí mirando el libro y en los meses siguientes habían depósitos similares. Algunos por $8,000.00 y hasta uno de $10,000.00. Curiosamente los depósitos aparecían a nombre de hermanos ancianos que no trabajaban. Con cada ofrenda especial ese mes entraba un diezmo correspondiente a la cantidad del depósito. 



—¿Y ese libro su papá lo dejaba siempre visible? 


—No. Esa vez lo dejó encima de la mesa pero todo lo que tuviera que ver con cosas de la iglesia él las guardaba bajo llave. 


—Usted tenía doce años. ¿Esto ocurrió hace cuánto?


—Unos siete años atrás. 




Hace tres años atrás en la oficina de la iglesia:



—Buenas noches pastor. 


— Dios te bendiga. 


—Aquí le traigo la ofrenda. Son $5500.00. En éstos días las ventas han bajado. 


—Tranquilo mijo. Voy a guardarlos en la cuenta. Toma la tarjeta. 



Tiempo presente en el cuartel:


—¿Por qué ha decidido usted testificar contra su padre? ¿Qué es lo que lo motivó?


—Hace unos dos años atrás mi mejor amigo, mi hermano con el que me crié en la escuela y jugábamos desde kinder, fue asesinado en un monte. 


—¿Quién era su amigo? 


—William Nolasco. Nos criamos desde pequeños pero cuando llegamos a la adolescencia empezó a juntarse con malas amistades. Empezó a vender drogas pa’ Los Perros.


—¿Esa es la ganga de Aibonito? 


—Si. Ellos empezaron a meterse en partes de Cayey y eso trae problemas. Los del punto de ***** eran los que mandaban la operación en todo el pueblo. Decidieron mandar un mensaje. La noche que mataron a Willie lo dejaron tiroteado en la frontera con Cayey y Aibonito.Todos sabíamos que era lo que pasaba pero mientras para muchos la muerte de Willie era una noticia más para mi era como si me hubieran matado a un hermano. Desde ese día comencé a odiar a mi papá. Él era el que ayudaba a los del punto a limpiar el dinero. 


—¿Esto lo hacía su papá solo o alguien más en la iglesia estaba envuelto? 


—En la iglesia había dos libros. El que yo vi y el que se le daba al tesorero. Él sabía lo que pasaba y en los reportes anuales se mostraban los números sin mencionar las “ofrendas especiales”. Los viejitos que aparecían dando esas ofrendas nunca se enteraban de que a su nombre se depositaban esas enormes cantidades. Además ellos solo ofrendaban porque era su creencia que estaban adorando a Dios. Ellos no estaban pendientes a los libros ni a las finanzas. 


Hubo silencio por un largo momento. Los agentes Castro y Melendez se miraban y miraban a Hector. Ellos no podían creer lo que escuchaban. 



—El pastor, mi papá, recibía una comisión por ayudar a los del punto a limpiar el dinero, el diezmo de la "ofrenda especial". Cuando me di cuenta callé y empecé a evitar a mi papá. Me siento mal. Creo que sí hubiera hablado antes no hubieran matado a Willie. 


—Bueno. Al menos usted ha hecho lo correcto. ¿Vio a su papá recibir algo además de esa noche que nos contó?


—No. Papi siempre estaba afuera en gestiones pastorales. Esa fue la única vez. 


—Gracias por la información. No se vaya lejos que podríamos necesitar llamarlo en algún momento. 


Héctor salió del cuartel cabizbajo. Llegó a la casa en dónde había un ambiente sombrío. Todos estaban encerrados en sus cuartos. 


Había una comida fría en la mesa que comenzó a comer. Al comer el primer bocado se le formó un nudo en la garganta. Casi no podía tragar. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas en sollozos ahogados para no llamar la atención. 


Sintió unos brazos abrazándolo. Era su mamá que lo abrazó y descansó su mejilla sobre su cabeza. 


Su hermanas Alma y Beatriz salieron también de sus cuartos y se unieron en un abrazo colectivo lleno de lágrimas, sollozos y remordimiento.




Comments

Popular posts from this blog

El Agua de Jaime

El color violeta

La increíble transformación de un ángel