La noche que fui pentecostal
¡Ërrebedisijimi lamajaya so cue te te ribandalamasaya!
Siempre me ha sido raro escuchar a la gente hablando en lenguas. Yo no sabía qué era eso cuando era pequeño pero cuando me pasó la primera vez fue algo inolvidable.
Esa noche era un culto de niños y recuerdo que la hermana Ester empezó a danzar y a hablar en lenguas. De momento Miguel también empezó a saltar. Raul empezó a dar vueltas en la esquina. Los hermanos que estaban tocando la música seguían cantando el coro a toda velocidad: “Jehová, Jesús, Espíritu de Poder, Jehová, Jesús, Espíritu de Poder…”
Yo no sabía porque la gente empezaba a brincar y otros a llorar. Otras temblaban y hablaban en lenguas. Yo quería hablar en lenguas o temblar o que me pasara algo pero nunca me pasaba nada. Excepto aquella noche. Miguel empezó a caminar por entre los bancos de la iglesia y tocaba a la gente. A la gente que tocaba empezaba a temblar. La hermana Ruth empezó a mecerse de adelante hacia atrás y hacia los lados. El pastor empezó a hablar lenguas.
Entonces Miguel llegó donde mí y me puso las manos en la frente. Nada pasó. Entonces me puso una mano en el pecho y otra en la espalda y hablaba en lenguas. Las manos de Miguel temblaban y me hablaba en lenguas en el oído pero nada pasaba. Yo quería hablar lenguas o hacer algo.
Entonces pasó. Sentí como si tuviera electricidad. Sentí como si tuviera un fuego por dentro pero a la misma vez un río corriendo. No recuerdo porqué pero cerré los ojos. Los brazos se me movían solos y sentía ganas de correr y saltar a la vez. Se me salieron lágrimas y de momento empecé a hablar y no entendía lo que decía. Pero estaba hablando.
Esa fue la primera vez que recibí el bautismo. Esa fue la primera vez que hablé en lenguas.
Esa fue la noche que fui pentecostal.
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