Eulogia a la esposa del Premier
Eran las siete y estaba cerrando la parroquia cuando se estacionaron dos vehículos negros al frente. Eran los vehículos oficiales del palacio de gobierno. De el que iba al frente se baja un hombre con un frac negro. Caminó hasta la puerta de la parroquia y no tuvo que tocar pues yo salí a encontrarle afuera.
“Stratovuye otets” — saludó pero sin hacer la genuflexión. Los funcionarios de gobierno no muestran esas formalidades con los religiosos.
“Stratovuye” — contesté.
“El Premier quiere verlo. En realidad es la hija del Premier pero el mandó a que viniera” — me dijo el funcionario. Noté que era una de las escoltas del Premier.
“Tengo que cambiarme” — dije.
“No hace falta. Tenemos ropa para usted en el palacio” — contestó.
“Entonces vamos.” Voy a buscar mi kameloukion.” — dije mientras me dirigía a la puerta de la parroquia.
“Niet.” — Acotó el guardaespaldas. — “Tenemos un frac para usted en el palacio. Es blanco para distinguirlo.”
“¿Puedo llevar la estola al menos?” — pregunté con la certeza de que sabía que a los sacerdotes se nos permitía hablar ante funcionarios de gobierno sin tener que dar razones ni pedir permiso por ser la religión oficial de la república.
“Niet.” — fue la respuesta.
Dí un breve suspiro y dije —“Entonces vamos.”
En el camino pregunté para qué me llamaban al palacio. Por lo general en el palacio se invitaba a la alta jerarquía de la iglesia pero yo era un simple párroco en una parroquia en un campo olvidado en donde solo iban ancianos aferrados a la fe. De hecho, creo que ni la propia iglesia se acordaba de la parroquia porque no era mucho lo que se enviaba de ofrendas a la iglesia madre.
“Es una actividad privada del premier.” — contestó el guardaespaldas y durante el resto del trayecto no dijo nada más.
Llegamos en menos de una hora al palacio. Pasamos las grandes puertas rojas y entramos al gran patio interior. Luego pasamos al palacio y allí el guardaespaldas me llevó a un cuarto en donde había un frac blanco hecho a mi medida. No era de extrañar que supieran mi medida en un país donde el gobierno sabe todo de todos.
Terminé de vestirme y salí. Un funcionario de gobierno en un frac negro me dijo — “Sígame”.
Caminé por los largos corredores del palacio. Allí estaban las obras de arte, los retratos de los zares. Llegamos a una puerta blanca y el hombre me dijo — “Es aquí.”
Entré y era una salón mediano. Había unas veinte personas todas vestidas de negro y me miraron cuando entré. Al final estaba el primer ministro y al lado su hija Katerina Vasiliev. Serios como siempre. Ella con ojeras disimuladas por maquillaje. Él sosteniendo una copa con lo que probablemente era vodka imperial, él único vodka hecho exclusivamente para el palacio y que no estaba permitido a nadie más hacerlo en el país.
Al parecer todos estaban esperando que llegara y se colocaron alrededor de la gran mesa blanca en medio del salón en donde habían copas llenas de vodka imperial que solo se tomaba en ocasiones especiales.
“Pase al frente, la hija del premier mandó a buscarlo a usted.” — Me dijo una mujer elegantemente vestida. — “Le toca a usted decir la eulogía para Natalia Katerina Vasiliev.”
¿Eulogía? ¿YO? ¿Porqué yo? Hacía ya unos veinte días que se había sepultado a la esposa del Premier que murió de tuberculosis y ya había pasado el funeral de estado que fue televisado en todos los canales de la república. ¿Una eulogía ahora?
“Aunque la hija del premier fue quién mandó a pedir que fuera usted quien diera la eulogía, el premier puso una condición.” — Me dijo la dama.
“¿Condición?” — pregunté extrañado.
“Si. No debe mencionar usted el nombre de Dios, ni hacer referencia a la religión ni a ningún santo, ni citar la Biblia ni ninguna frase religiosa en la eulogía.” — Luego que me dijo eso me señaló con la mano para que tomara mi lugar en el frente desde donde iba a hacer la eulogía.
Todos se voltearon a verme y yo ahí pensando como iba a hacer una eulogía sin mencionar a Dios, la Biblia, ni anécdotas de santos, frases religiosas. Ya yo había hecho decenas de eulogías y oficiado decenas de funerales de gente de pueblo pero nunca una eulogía de una persona de gobierno y menos de la fenecida esposa de el premier. ¿Porqué a mi y no al padre superior que era quién oficiaba personalmente las actividades donde tenía que estar la iglesia representada?
Me tocaba dar la eulogía sin prepararme ni usar lo que ya sabía. Una eulogía secular.
EULOGÍA A KATERINA ELENA VASILIEV
“Hace varios años atrás leí un ensayo de el escritor Octavio Cortazar, un escritor mejicano titulado “¿Qúe es la felicidad? ” En dicho ensayo se cuestionaba si en verdad la felicidad existía y si era posible definirla. Concluyó el autor que no. Que la felicidad no existe sino que existen los momentos felices que recordamos. Lo mismo se puede decir de la tristeza y otras emociones que experimentamos. Uno de los puntos claves del ensayo decía que todo ser que se considere vivo ha de haber experimentado en carne propia la felicidad.
¿Qué es la vida? ¿Es felicidad? ¿Que es vivir?
Hoy recordamos a Natalia Katerina Vasiliev y decimos que ella vivió. ¿Pero vivió o vive aún?
[Tuve que cuidarme de no hablar del más allá ni de la vida después de la muerte.]
Si estar vivo es haber experimentado la felicidad en carne propia eso solo lo sabe la personas pero ¿como sabremos nosotros si esa persona en realidad está viva. Alguien puede estar técnicamente vivo y no estar vivo por ejemplo cuando una persona está artificialmente viva mantenido por máquinas. El cuerpo está caliente, la sangre corre por las venas pero no hay nadie ahí...
Estar vivo no es solo tener un corazón latiendo. Estar vivo es pasar por experiencias, sentir, sentir emociones y qué emoción más grande que la alegría y las alegrías que se suceden. Eso es lo que se conoce como estar feliz, unir fragmentos de alegrías. Eso es estar vivo. Pero en el momento en que el corazón deja de latir y se deja de sentir emociones se deja de vivir.
Algunos ya han dejado de vivir aunque estén caminando. Ya no experimentan emociones, no ríen, no lloran, no se enojan, no sienten nada.
Por otra parte hay personas que viven y no solo viven sino que hacen vivir a otros. Son esas personas que experimentan emociones pero las comparten al hacer a otros experimentar y sentir emociones. Son personas que hacen vivir a otros. Esas personas son la que verdaderamente viven, las personas que hacen que otros vivan.
Hoy recordamos a Natalia Katerina Vasiliev y si usted puede recordar un momento en el que le haya hecho sonreir y sentir alegría ella vive aún. Vivan entonces y sigan su ejemplo dando vida a otros.”
En ese momento a la hija del premier se le salió una lágrima que rodó por la mejilla derecha lentamente como en una procesión fúnebre. El premier apretó la copa pero se veía que estaba conteniendo las lágrimas como una represa a punto de desbordarse. Estaban viviendo.
Todos se acercaron a la mesa y tomaron cada uno su copa y a la vez dijimos: "Zizn"
Tomamos un trago.
El premier se acercó a mi y levanto la copa nuevamente y dijo —“Uzkaya zhizn Natalia.”
Todos dijimos — "Zizn"
Tomamos otro trago.
El premier tenía la cara roja. Estaba viviendo demasiado. Puso la copa en la mesa y se marchó saliendo por la puerta. Su hija lo seguía.
Esa noche cuando terminé de cambiarme el guardaespaldas me llevó de regreso al auto oficial. De camino me entregó un sobre blanco.
En la parroquia abrí el sobre. Era una carta de la hija del premier que decía:
“Gracias por devolverme la vida.”

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